Acércate a Lugo

Lugo es una ciudad con una ingente herencia romana, época la que se conserva su característica muralla y otros vestigios históricos de enorme importancia. Un elemento clave de la capital lucense es el río Miño, cuyo entorno es un lugar ideal para pasear, para descansar o para hacer deporte, amén de ofrecer paisajes de gran belleza. Esta localidad también es conocida internacionalmente por su industria agroalimentaria.

Además de la Muralla Romana, construida entre los años 260 y 310, y que en la actualidad es Patrimonio de la Humanidad, Lugo posee un valioso patrimonio histórico y monumental, engrosado por las Termas Romanas (siglos I y II), de las que se preservan diferentes partes como el apoditerium y el caldarium, o el puente romano, que aunque fue construido en el siglo I, fue reformado y reedificado en los siglos XI, XIV y XVIII. Otras joyas arquitectónicas de esta ciudad gallega son las capillas de la Soledad, de San Roque y del Carmen; las iglesias de Santa María A Nova, de Santo Domingo y de San Froilán, que perteneció al antiguo hospital de San Juan de Dios; el convento de los Padres Franciscanos; la Casa Consistorial, una de las obras más representativas del barroco civil gallego; y la Casa de los Mosaicos, con restos de una vivienda romana.
No obstante, uno de los edificios más notables es la Catedral, de factura románica pero con sucesivas intervenciones en los estilos gótico, barroco y neoclásico. En el interior del primer templo de Lugo, destaca la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes, creada en el siglo XVIII por Fernando de Casas Novoa. También merecen una visita los pazos Episcopal y de San Marcos, así como la Praza do Campo, que ocupa el lugar que probablemente ocupó en su día el foro romano. Podría decirse que éste es el centro neurálgico de la ciudad antigua, un enclave muy recomendable para pasear.
En cuanto a su oferta museística, cabe apuntar que en la Casa de los Mosaicos, una domus de finales del siglo III o principios del IV, pueden verse mosaicos y otros elementos de la era romana, además de proyecciones audiovisuales que recrean los tiempos de Lucus Augusti. No menos interesantes son el Centro Arqueológico de San Roque, con restos de una necrópolis romana donde se conservan enterramientos de incineración e inhumación, restos de un horno dedicado a la producción cerámica y un estanque de carácter ritual relacionado con cultos orientales; el Museo Diocesano y Catedralicio; la Sala de Exposiciones ‘Porta Miñá’ o el Museo Provincial.
Especialmente ideada para los amantes de la naturaleza, existe una ruta que va desde el Centro de Interpretación de la reserva de la Biosfera ‘Terras do Miño’, a orillas del río Fervedoira, hasta la desembocadura del Neira. Es un trazado de aproximadamente 18 kilómetros por el margen izquierdo del Miño, a lo largo del cual se puede apreciar la riqueza paisajística y ambiental del río más importante de Galicia.
Para reponer fuerzas, qué mejor que deleitarse con la cocina lucense. En la Praza do Campo y en sus calles adyacentes, el viajero encontrará una amplia variedad de establecimientos hosteleros, mucho de ellos ideales para tomarse un buen vino gallego, y otros, perfectos para dar rienda suelta a la afición tapera, que en este ciudad se ha convertido en todo un arte. Pero si lo que se prefiere es un menú más selecto, en esta misma zona de la villa se localizan algunos de los más célebres restaurantes del municipio. Otros lugares para degustar la gastronomía local o ir de ‘vinos y tapas’ son los barrios de Recatelo (junto al parque Rosalía de Castro), Milagrosa (al norte de la ciudad) y Campo Castelo (detrás de la Casa Consistorial). Un plato típico son las anguilas, fritas o en empanada, mientras que el postre más característico son los quesos ahumados de San Simón.
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